Una puta barata

Alejandra, Argentina de 37 años, ejerce de prostituta desde hace dos, cuando vino a Murcia, pero es feliz porque no se considera una mala persona. Cobra 30 euros “por polvo” y trabaja con una compañera en su propia casa

“Argentina. 37. Encantadora. Superviciosa. Francés natural. Super cariñosa. Trabajo sola. Nueva aquí”, así es como se define Alejandra en la sección de contactos del periódico La Verdad, pero pasa por alto su sonrisa maternal, sus ojos color miel o su acento meloso, que más que pronunciar palabras parece que las acaricie con los labios.

Esta prostituta de 37 años ejerce el oficio en su propio hogar, un piso de alquiler viejo y apenas decorado; situado en una de las calles más tenebrosas de Murcia. Recibe a sus clientes semidesnuda y los seduce con un aluvión de caricias mientras los guía hacia la cama. Una vez que Alejandra se ha ganado los 30 euros que cobra por su servicio, deja descansar al cliente durante 5 minutos sobre las sábanas.

“No me gusta la calle porque es peligrosa y está controlada por las mafias”, dice Alejandra, quien prefiere trabajar individualmente y en su hogar. Comparte piso con Ana María, también argentina y prostituta de 41 años, 10 de ellos dedicados a la prostitución, pero trabajan por separado. “Nos conocimos en un locutorio hace dos años. Alejandra vino aquí sin apenas nada. Ella buscaba piso y yo compañera, así que desde el primer momento nos llevamos bien”, declara Ana María.

Este es un tipo de prostitución selecto, los dos modelos más comunes son el club y la calle. Ambos tienen sus ventajas y sus inconvenientes. En los clubes hay más seguridad para las chicas, pero ellas no pueden negarse a nada y deben compartir su beneficio con el jefe. La calle, por su parte, tiene el peligro de falta de zonas adecuadas y de  seguridad: robos, violaciones, agresiones. Las ventajas son obtener ingresos por cuenta propia, sin horarios ni obligaciones impuestas.

El caso de Alejandra es especial, aunque está dentro de la mayoría en cuanto a su origen: el 90 por ciento de las mujeres que ejercen la prostitución en España son inmigrantes. Según la Guardia Civil, la mayoría son de Europa del este, seguidas de las latinoamericanas y africanas.

Hace dos años, cuando Alejandra se divorció de Santiago, su ex marido, decidió darle un giro a su vida; empezar de cero. “Lo pillé en nuestra cama con otra mujer, pero no me afectó mucho porque no lo quería”. Se mudó de Argentina a Murcia por su buen clima y porque le dijeron que había muchos sudamericanos y que se sentiría como en casa, pero también dejó en Argentina a cuatro hijos: tres chicos con 11, 13 y 15 años, y la pequeñaja de 8 ,que viven con Santiago y a los que les envía dinero todas las semanas porque el supermercado de su ex marido sólo les da para subsistir. “Si por mí fuera les mandaría todo lo que gano, pero algo tengo que comer… yo creo que por eso no progreso económicamente”. Alejandra convive con la esperanza de volver algún día a su país con mucho dinero, aunque hasta ahora el destino no le ha dado la oportunidad.

“Esto empezó como algo provisional. Yo nunca había pensado en la posibilidad de ser puta, pero estaba desesperada”, luego se acomodó a este oficio, con el que trabajando poco se gana mucho dinero. Y así, con una media de dos o tres clientes diarios, espera a que “surja algo mejor”; hasta entonces, seguirá recibiendo hombres en su hogar dentro de un margen horario que ella misma se ha impuesto: de diez de la mañana a tres de la madrugada.

No cree en el amor, a menos que le “muestre un buen fajo de billetes”. Lejos de ser una Julia Roberts, cuando comenzó a ejercer como prostituta soñaba con que algún cliente se enamorase de ella como en la película Pretty Woman, pero “cuando practicas el amor todos los días con desconocidos te cansas de él, y te das cuenta de que en realidad no existe”. Alejandra tiene la esperanza de encontrar una pareja con la que emprender una nueva vida, no obstante, el único requisito que establece es que tenga dinero.

Son muchos y muy distintos los hombres que solicitan sus servicios, muchos sólo buscan comprensión y otros algo de cariño. Hasta ahora, ni Alejandra ni Ana María han tenido disputa alguna con sus clientes, pero no tienen miedo de enfrentarse a alguien que quiera hacerles daño. “Poseemos una pistola y cuchillos largos y afilados”, subraya jocosa Ana María. “Aquí no hay ningún chulo que nos cuide, así que tenemos que defendernos nosotras”, expresa Alejandra.

Los clientes, que son personas aparentemente normales, tienen entre 20 y 65 años. “Para mí no pasa nada, aunque si mi mujer lo supiera no creo que pensara lo mismo”, escribe uno en un foro de Internet donde comparten experiencias, direcciones y esperanzas. “Es como una droga, si la pruebas ya no te suelta”, escribe otro cliente.

Alejandra se esfuerza por ofrecer un buen servicio, cada semana se realiza las pruebas pertinentes para cerciorarse de que no ha contraído ninguna enfermedad venérea y siempre obliga a sus clientes a utilizar el preservativo. “A veces se lo coloco yo misma con la boca”. Solamente una vez (y cuando estaba empezando) le contagiaron una enfermedad, Mollusco contagiosus, pero no era nada grave y desapareció en un par de meses. Durante ese tiempo no pudo trabajar.

Mari Ángeles López, coordinadora en Murcia de la ONG APRAMP (Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida), asegura que “la mayoría de las prostitutas necesitan orientación psicológica y jurídica, aunque algunas ni siquiera tienen papeles”. Alejandra forma parte de esta ONG desde hace un año, ha asistido a talleres de cocina e informática, pero la considera una pérdida de tiempo porque “pretenden ayudar a tanta gente que en realidad no ayudan a nadie”.

Alejandra mira a su alrededor con desconsuelo; los pezones, amplios y oscuros, le asoman por el escote apretado. No se avergüenza de quién es porque se considera una luchadora, una guerrera. Y aunque la vida no le trate con el mismo cariño con el que trata ella a todo el mundo, es feliz porque sabe que no es una mala persona.

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6 comentarios para “Una puta barata”

  1. Felicitaciones por tu trabajo. Me ha gustado.

    Un saludo

  2. En cualquier lugar, por inóspito que parezca, puede nacer una florecilla…
    Genial una vez más.
    Besos

  3. Cenicientas sin cuento de hadas, sin príncipe azul…

    Un besote chivote!

  4. ¿Esto es tuyo? Chapó, la verdad es que me ha fascinado, y cautivado de sobremanera… Pasaré a leerte más a menudo.
    Enhorabuena.

    http://epicadeunnuevomundo.wordpress.com

  5. Gracias, la verdad es que a mí también me sorprendió dar con una persona tan profunda dedicada a estos asuntos… Ah! ya me han dado la nota: un 8!! jejeje.
    Saludos

  6. dstrfaes#nojodaaaaaaa Dijo:

    jijijiji

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