El arte en los renglones torcidos

Acabo de terminarme “Los renglones torcidos de Dios”, un gran libro que me prestó una gran amiga. La novela, escrita por Torcuato Luca de Tena, es una de las mejores que he leído en mucho tiempo, aunque me ha llamado especialmente la atención unas palabras que hay en la página 70 y 71 y que quiero compartir con quien lea esto:

-¿Qué piensa usted de las artes?

-El arte es la ciencia de lo inútil.

El médico frunció la frente sorprendido. Aquella respuesta no cuadraba con la personalidad que había creído adivinar en su paciente.

-¿Quiere decir que desprecia usted las artes; que las considera algo trivial, y a quienes las practican gentes desocupadas que no tienen otra cosa mejor que hacer?

-¡Nada de eso, doctor! ¡Considero que el arte es tanto más sublime cuanto mayor es su inutilidad!

-Explíquese mejor.

-El hombre es el único animal que se crea necesidades que nada tienen que ver con la subsistencia del individuo y con la reproducción de la especie. No le basta comer para alimentarse, sino que condimenta los alimentos, de modo que añadan placer a la satisfacción de su necesidad. No le basta vestirse para abrigarse, sino que añade, a esta función tan elemental, la exigencia de confeccionar su ropa con determinadas formas y colores. No se contenta con cobijarse, sino que construye edificios con líneas armoniosas y caprichosas que exceden de su necesidad: lo cual no ocurre con la guarida del zorro, la madriguera del conejo o el nido de la cigüeña. ¿Hay algo más inútil que la corbata que lleva usted puesta? ¿De qué le sirve al estómago una salsa cumberland o un chateaubriand a la périgord? ¿Qué añade al cobijo del hombre el friso de una escayola o las orlas que tienen el pasamanos de una escalera? Pues bien: todo eso que está inútilmente “añadido a la pura necesidad”… ¡ya es arte! La gastronomía, la hoy llamada alta costura y la decoración son las primeras artes creadas por nuestra especie, porque representan los excesos inútiles añadidos a las necesidades primarias de comer, abrigarse y guarecerse.

Esto lo leí un domingo en el tren volviendo de Alicante a Murcia y me llamó tanto la atención que tuve que copiarlo a mano en una libreta que llevaba.

6 comentarios para “El arte en los renglones torcidos”

  1. Sabes? Me acuáerdo de ese párrafo, me llamó la atención, como otros , en un libro que no llegué a subrallar ( ya sabes que suelo hacerlo ). La razón…? Toda la obra es en sí tan buena… la prosa, muchas apreciaciones como la que tu haces, el contenido, la ambientacion, la narración, el mensaje…
    Sin duda este es uno de los libros más interesantes que he leído nunca y que engancha de verdad, pero su mayor logro desde mi punto de vista es el haberme hecho pensar, en el estrecho espacio que a veces separa la locura de la cordura.
    Que conste que siempre he pensado hacer un post sobre este tema…
    Me lo robaste. ;)
    Besos

  2. ¡¡¡ GRACIAS!!!
    Mas Besos

  3. Es genial esa reflexión. Yo mismo me he planteado muchas veces esa cuestión. El arte es inútil, y es precisamente ahí donde radica su importancia. El problema viene cuando te dedicas al arte, y tienes que convencer a alguien para que te pague por llevar a cabo algo inútil y prescindible.

  4. No he leido ese libro, pero creo que lo hare…suena interesante.

  5. antes de nada , gracias por tu molestia en comentarme , un placer verte por allí,
    con respecto a este post, este es uno de mis libros favoritos, es increíble lo que se puede leer entre líneas, y la sreflexiones a las que te invita , el final es sorprendente pero nada hay que perderse del transcurso del libro, en fin , que voy a decir, lo regalo a menudo, junto con “la conjura de los necios”, otro gran libro, aunque nada tengan que ver.
    un saludo, gracias por compartirlo
    (sí, los textos del blog se pueden publicar mientras aparezca el autor y el blog. encantada)

  6. Sólo diré:

    Granada
    Viernes a las 00:30
    Tres vasitos de vino del Labrador…

    He ahí reflexiones de una noche en la que el arte no dejaba pensamiento ajenos a eso en tu cabeza.

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