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En las costillas

Publicado en literatura, Uncategorized el septiembre 25, 2011 por Chivone

Elizabethtown es una cutre-comedia romática que comienza con una gran verdad: “alguien dijo una vez, que hay una gran diferencia entre un fracaso y un fiasco. El fracaso es simplemente la ausencia de éxito. Cualquier idiota, puede tener un fracaso. Pero un fiasco, un fiasco… es una catástrofe de dimensiones míticas, un fiasco es una leyenda que se va transmitiendo unos a otros para que se sientan más vivos porque… no les pasó a ellos”.

Desperté saboreando algo picante. Aunque la noche anterior me puse el despertador para las seis y media de la mañana, llegaba tarde al trabajo. Estaba en el suelo y cuando traté de incorporarme un pinchazo intenso me recorrió todo el costado derecho, de la cadera al hombro, siendo especialmente insoportable por la zona de las costillas. Los delirios de recién desvelado me llevaron a pensar cosas como que el gato me había mordido durante la noche o que alguien me había pegado mientras dormía, pero una mirada a mi alrededor y una reconstrucción de los hechos podrían revelar alguna pista sobre qué cojones sucedió realmente.

El teléfono descansaba tirado por el suelo, junto a las sábanas, y el colchón se encontraba totalmente desplazado del somier, que asomaba amenazante medio metro frente a mi cara. Apretando los dientes logré levantarme del suelo. Miré mi costado y sobre la piel encontré una señal que lo cruzaba. Como si en una de mis múltiples transformaciones a hombre lobo, algún lunático se hubiese ensañado a varazos.

Me vino entonces un flash de cómo agonizaba en el suelo durante la noche e intenté reproducir los hechos. Lo peor de estar jodido es no saber con certeza cuál es el motivo. Supongo que sonó el despertador cuando estaba en plena fase REM. Como es normal, me levanté (lo pongo lejos para obligarme al levantarme), lo apagué y con las mismas me lancé de espaldas sobre donde pensaba que estaría la cama, con tan mala suerte que caí sobre el lateral de ésta, donde mis costillas fueron a estrellarse contra la esquina del somier, metálico y con múltiples aristas. Reboté y caí al suelo. Allí volvería a dormirme, pero no recordaba nada.

Está claro que cuando uno trata de ser un niño bueno y hacer las cosas bien es cuando más parecen torcerse. Me palpé nuevamente la señal, dramática justicia kármica que por dolorosa que fue al sellarse pudo poner en peligro el continuo espacio-tiempo. Todavía no sé si eso es realmente lo que pasó, pero es la versión que le narraba esta mañana a la doctora en el hospital. El motivo de mi visita: una ostia tan absurda e inesperadamente impresionante que sólo por eso, por singular e irrepetible, ha de ser admirada.

Mientras me preguntaba detalles que no sabía responderle, la insipidez pincante volvió a mi boca, era el sabor de un fiasco.

Metemos las costilla en la Bolsa para Asar, fotografía de jlastras con licencia Creative Commons.

Introspección

Publicado en literatura, Uncategorized el agosto 16, 2011 por Chivone

Carmen sonríe con su vestido rojo.

Carmen sonríe con su vestido rojo.

Carmen avanza con decisión. Está rodeada de amigos y sonríe. Su vestido rojo ondea, aunque no hace viento. Hace sol, y las piernas de Carmen desprenden un reflejo dorado. Se tensan cuando camina. Camina hacia mí. Nos cruzamos. Me mira. Sonríe. Avanza. La pierdo.

Carmen sonríe con su vestido rojo.

Carmen avanza. Estamos en la playa, en el paseo marítimo. Carmen me sonríe. Me parece suave su vestido rojo. Nos cruzamos.

Carmen sonríe con su vestido rojo.

Carmen sonríe con su vestido rojo.

El cerebro inconsciente ocupa el 83% de la masa cerebral y controla entre el 96 y el 98% de la percepción y la conducta, sus impulsos viajan a más de 160.000 Kilómetros por hora y procesa alrededor de 400.000 millones de bits por segundo. Todo ocurre ahora y se graba para siempre.

Carmen sonríe con su vestido rojo.

Carmen no se llama Carmen. No sé cual es su nombre ni en qué momento nos cruzamos. Creo que el vestido era rojo y no sé si me miró, pero seguramente sonrió, o puede que no.

Carmen sonríe con su vestido rojo.

Carmen no existe. Carmen está dentro de mí.

señora con vestido rojo tal cual se obtuvo, fotografía de martius con licencia Creative Commons.

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