Hace unos meses participé en un concurso de Fundación Telefónica para el incentivo de la producción artística. Mi propuesta era crear un Heavygochi: un tamagochi heavy. Por lo visto la idea no ha molado mucho, porque ni me han dado la ayuda ni me han avisado de que no me la van a dar. En fín… esto es algo que de alguna forma ya me suponía. La verdad es que los proyectos ganadores tienen mucho nivel. Pero yo no me achanto, y sigo dispuesto a desarrollarlo algún día. ¿Alguien se apunta?
Esto es un resumen de lo que más o menos mandé:
El proyecto propone un ejercicio de introspección para el ser contemporáneo de la sociedad de la información, acostumbrado a la conocer la realidad a través de canales como la televisión o YouTube, donde la implicación no es una necesidad.
Con este proyecto, tras la pantalla de su teléfono móvil habrá un ser humano dependiente de él; una persona con necesidades alimenticias, de aseo, de seguridad, sociales y de realización. Será el usuario quien, con su participación, permita la vida y la felicidad a este ser. Todo esto se hará en clave crítica de humor y transgrediendo los límites de lo políticamente correcto, por lo que se ha escogido como personaje principal a un heavy.
Escoger a un miembro de una tribu urbana en concreto no acota las posibilidades comerciales del proyecto, siempre que se respeten los principios asentados en el imaginario colectivo que la definen: cuero, melena, cultura, cerveza, una personalidad pasional, salvaje y sin miedo a las consecuencias.
La idea es generar una aplicación móvil descargable para para iOS (iPhone) y para Android, pues ambos sistemas operativos copan prácticamente la totalidad de las aplicaciones existentes para móviles. La aplicación estaría compuesta por muchos vídeos y, en función de las elecciones del usuario, se reproducirían unos vídeos u otros, en los que el personaje haría distintas acciones como comer, hacer ejercicio, ir al baño, filosofar, etc. Según se atiendan estas necesidades, el personaje podría morir o evolucionar en 10 niveles distintos. En cada nivel evolutivo se muestran vídeos distintos y se adquieren habilidades concretas como lanzar piropos, un grito de guerra, habilidad para abrir la cerveza de formas muy distintas, cantar canciones, eructar, etc.
Los primeros dos niveles serían gratuitos y para adquirir los 8 siguientes los usuarios tendrían que pagar 79 céntimos.
Aunque la base del proyecto es crear una aplicación móvil, el heavygochi también estaría adaptado para reproducirse en pantallas de ordenador, notebooks o tablets, independientemente del navegador o del sistema operativo del usuario.
La idea es generar una aplicación móvil para descargar con la que el usuario tenga que cuidar de las necesidades y aspiraciones de un heavy: alimentarle, darle de beber, llevarle al baño, entrenarle, etc. Según se vayan solventando las necesidades vitales de este personaje, evoluciona y adquiere nuevas habilidades. Todas las imágenes serían vídeos en las que aparecería una persona real, con lo que el usuario tendría la impresión de que la vida de otro ser humano depende directamente de él.
La interfaz sería muy intuitiva, formato videojuego y emulando a los tamagotchi de los años 90.
Estaría compuesta por una serie de vídeos en los que el personaje principal sería el heavy del que el usuario tiene que hacerse cargo y en los que el fondo sería blanco, de forma que el eje visual sea el propio personaje.
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La aplicación estaría desarrollada en HTML5, por lo que no habría problema a la hora de acceder desde distintos dispositivos. Estaría compuesta por alrededor de 500 vídeos de 10-12 segundos cada uno, unos 50 vídeos por cada nivel. Los vídeos se grabarían en un estudio y estarían todos disponibles en Internet, lo que multiplicaría el efecto viral.
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La experiencia del usuario está encaminada a la implicación, pues la vida y felicidad del personaje dependen de sus acciones. Al recurrir al humor y al desenfado como eje de comunicación, la experiencia sería agradable y divertida. En última instancia, el sabor es el de experimentar la interacción a tiempo real y de forma ubicua con aquello que hay tras la pantalla, en este caso un ser humano.
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